Las fuerzas armadas de Ucrania lanzaron una ofensiva aérea masiva que involucró más de 1,000 drones dirigidos hacia territorio ruso, con cientos de proyectiles orientados directamente a Moscú. Calificado por las autoridades locales como el “mayor ataque de la historia” contra la capital rusa, la incursión dejó un saldo de al menos tres personas muertas y más de 20 heridas en la región circundante, además de causar daños en una importante refinería de petróleo y en edificios residenciales.
La embestida coincidió con el cierre de las elecciones parlamentarias en Rusia, proceso que el gobierno de Vladimir Putin ha defendido como muestra de respaldo popular a la guerra. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, confirmó el uso de misiles de fabricación nacional y drones para golpear la infraestructura logística y petrolera rusa, argumentando que dichos complejos financian directamente el esfuerzo bélico del Kremlin. Por su parte, la defensa antiaérea de Moscú aseguró haber neutralizado la mayoría de los dispositivos en un intento, según la administración rusa, por desestabilizar la jornada de votación.










