Petróleo supera los 108 dólares y eleva la presión sobre inflación y tasas de interés

La escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán llevó al Brent a su nivel más alto desde mayo y volvió a colocar al crudo por encima de los 100 dólares.
El encarecimiento de la energía también golpea al mercado de bonos, mientras crecen los temores de una inflación más persistente.

Los mercados internacionales volvieron a encender las alertas. La intensificación del conflicto entre Estados Unidos e Irán y las nuevas interrupciones al transporte marítimo en Medio Oriente llevaron al petróleo a registrar una de sus mayores jornadas de ganancias en meses.

El Brent, referencia internacional, llegó a superar los 108 dólares por barril y cerró el jueves 10 de septiembre en 107.63 dólares, con un incremento de 6.3 por ciento. El West Texas Intermediate (WTI) terminó en 102.48 dólares, tras avanzar 6.7 por ciento. Ambos alcanzaron sus niveles de cierre más altos desde el 19 de mayo.

La presión proviene principalmente de los temores sobre el suministro mundial. Los ataques contra buques y las dificultades para mantener abiertos los principales corredores marítimos de la región han reducido los flujos de petróleo y elevado los costos de transporte.

La situación es especialmente delicada en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas energéticas del planeta. S&P Global reporta que los flujos por esta vía se han reducido considerablemente respecto de los niveles previos al conflicto.

El mercado empieza a asumir un conflicto prolongado

La escalada también está modificando las expectativas sobre cuánto tiempo podría durar el impacto energético.

S&P Global Energy considera ahora que la producción petrolera de Medio Oriente podría no recuperar los niveles previos al conflicto para finales de 2027. La firma proyecta que los precios podrían mantenerse en un rango aproximado de 80 a 100 dólares por barril durante 2027, dependiendo de la evolución de la guerra y de los flujos por las rutas marítimas estratégicas.

La Agencia Internacional de Energía también advirtió que la producción mundial de petróleo podría registrar una caída importante en 2026 debido a las interrupciones provocadas por los conflictos en Medio Oriente. Al mismo tiempo, los inventarios de combustibles refinados se han reducido con rapidez.

El escenario contrasta con las expectativas de una rápida normalización de los precios de la energía. Mientras el mercado incorpora el riesgo de una disrupción prolongada, las declaraciones políticas que anticipan una pronta recuperación de los precios enfrentan una realidad distinta en los mercados.

Los bonos también resienten el golpe

El petróleo no es el único mercado bajo presión.

El incremento de los precios de la energía alimenta las preocupaciones sobre una inflación más persistente, lo que puede dificultar que los bancos centrales reduzcan las tasas de interés.

En Estados Unidos, el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años subió hasta aproximadamente 4.95 por ciento, uno de sus niveles más elevados de los últimos años. El jueves, además, el mercado de bonos registró una nueva ola de ventas pese a una operación de recompra del Departamento del Tesoro.

La combinación de petróleo caro, inflación y mayores rendimientos de los bonos también está presionando a las bolsas. El S&P 500 registró su cuarta sesión consecutiva a la baja, mientras los inversionistas evalúan las consecuencias económicas de un conflicto que no muestra señales claras de terminar rápidamente.

El impacto ya alcanza a los combustibles

La preocupación no se limita al precio del barril. El verdadero impacto económico puede sentirse con mayor fuerza cuando el encarecimiento del crudo se traslada a los productos refinados.

El diésel, utilizado ampliamente por el transporte de mercancías y la industria, ha alcanzado niveles récord en Estados Unidos. Esto puede elevar los costos de transporte y, posteriormente, trasladarse a los precios de bienes y servicios.

Para los consumidores, un escenario de petróleo elevado durante varios meses significaría mayor presión sobre combustibles, transporte, alimentos y otros productos, mientras los bancos centrales enfrentan el dilema de contener la inflación sin profundizar la desaceleración económica.

El mercado, por ahora, está dejando atrás la expectativa de un shock energético pasajero y comienza a prepararse para una posibilidad más incómoda: petróleo caro durante más tiempo.

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