En un cruce sin precedentes entre el sector tecnológico y la Casa Blanca, los directivos de Anthropic y OpenAI entraron en conflicto directo con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras solicitar una pausa o desaceleración voluntaria en el ritmo de desarrollo de la Inteligencia Artificial por motivos de seguridad.
La controversia se intensificó tras recientes advertencias internas y renuncias en los laboratorios de IA —como las del investigador Jacob Coxon y alertas del científico jefe de OpenAI, Jakub Pachocki—, quienes señalaron los peligros de una carrera descontrolada hacia la automejora recursiva de los modelos. En respuesta a las peticiones de Dario Amodei (CEO de Anthropic) y Sam Altman (CEO de OpenAI) para fijar estándares compartidos y control de riesgos, Trump calificó los llamados a la regulación como una «conspiración» y afirmó que el único mecanismo de seguridad que necesita la tecnología es un «presidente fuerte». El mandatario argumentó que cualquier freno voluntario o legal pondría en riesgo la ventaja geopolítica de Estados Unidos frente a China.









